Las Generaciones de Moises Ville

index

English


HISTORIA

ORIGEN Y DESTINO

1889 - LOS PODOLIERS

MONIGOTES LA VIEJA

GRUPOS VARIOS

EL GRUPO de GRODNO-1894

1900-1902: SE AGRANDA LA COLONIA

MEDANOS

El GRUPO de KHERSON

 

GALERIA de FOTOS


GENEALOGIA

NOMBRES

REGISTRO CIVIL MOISES VILLE

PROYECTOS

AGRADECIMIENTOS

 

CONTACTENOS COMENTARIOS INFORMACION


VINCULOS

Asociación de Genealogía Judía de la Argentina

Museo Histórico Comunal  Moises Ville

Jewishgen

La Página de Moises Ville

Fotos de Moises Ville

Más fotos

Casa Argentina en Jerusalem

 

 

 

                                                                             inicio   novedades
                                                                                         

 

LAS PRIMERA VICTIMAS FATALES EN MOISES VILLE

Una historia de los primeros asesinatos sufridos en la colonia                                                           

Por Mijl Hacohen Sinai

traducido del idish por Nejama B. de Hansman

Dice Sinai: "algunos detalles de los asesinatos me han sido relatados por miembros de la colonia, otros los conozco por mis propias experiencias de medio siglo atrás, cuando yo residía en Moises Ville.

David Lander, el primer asesinado
La primera víctima abatida por un gaucho era un judío de edad mediana, David Lander. Sucedió a fines de Octubre de 1889, es decir dos meses después de su arribo a las tierras de Moises Ville. (1)

Sucedió alrededor del mediodía. Gran parte de los "podolier", hombres, mujeres y los niños más grandes ya se habían encaminado al amanecer hacia Sunchales, el pueblo que se hallaba a seis leguas (treinta kilómetros) de Moises Ville, para esperar el tren en el cual se hacían llegar alimentos para los obreros que construían el ramal del ferrocarril a Tucumán.
En cuanto el tren llegaba se abalanzaban los hambrientos podolier con mirada congelada y ávida, y con manos extendidas mendigaban algunas galletas o un pedazo de pan seco. Entonces aun no hablaban castellano pero habían aprendido a decir "déme pan", "déme galleta", "tengo hambre", y otras expresiones por el estilo. Daba pena verlos. Y en realidad despertaban lástima, tanto entre los obreros como entre los empleados de la empresa del ferrocarril que llegaban allí casi diariamente para inspeccionar el trabajo; ellos solían arrojarles panecillos y galletas, incluso bolsas llenas en algunas oportunidades. Entonces regresaban rápidamente a Moises Ville para compartirlos con sus familiares, quienes estaban posiblemente más hambrientos que ellos mismos.

En el momento que voy a hacer referencia se hallaban en Moises Ville muy pocos de los podolier, los ancianos y los más débiles, y los niños más pequeños. Deambulaban de un lado a otro, hambrientos y débiles, esperando el alimento mendigado en Sunchales, cuando de pronto observaron la llegada de un gaucho montando su caballo. No constituía una novedad para ellos ya que llevaban vistas numerosas "criaturas semisalvajes" que se aparecían por allí a menudo. Sin embargo todos se agolparon a su alrededor y comenzaron a mirarse entre sí.

Se desarrolló una especie de escena muda pues el gaucho, descubriendo a una de las jóvenes muchachas se apeó del caballo, se acercó a ella y comenzó a acariciarla suavemente y a hablarle.
Inmediatamente se dirigió a los presentes y les habló preguntando algo. Nadie entendía una palabra pero igualmente asentían con la cabeza respondiendo constantemente "si señor, si!" mientras algunos exclamaban "déme pan - déme galletas!".
El gaucho volvió a montar y se alejó. No demoró mucho en regresar, acompañado esta vez por otro gaucho, trayendo una bolsa de galletas y varias botellas de caña, que entregó a los podolier, quienes dieron cuenta de todo rápida y ávidamente.

Entre tanto el gaucho buscó a la muchacha que tanto le había gustado, llamó a su compañero a quien se la presentó y después de una corta charla se la llevó bajo el brazo para subirla al caballo.
Como la joven se resistía y quería arrancarse de sus brazos, comenzó a arrastrarla por la fuerza. A los gritos de la muchacha acudieron los podolier, y protestando a viva voz intentaron liberarla. Instantáneamente el gaucho desenvainó su puñal y lo clavó en el pecho del más cercano. Se trataba del mencionado David Lander, quien se desplomó en un charco de sangre, agonizante. La confusión, el tumulto y el pánico que se desataron fueron inimaginables. Sin embargo lograron arrancarle el cuchillo de las manos y arreglar cuentas. Lo derribaron y maniataron, ataron sus pies, y echándolo boca arriba algunos comenzaron a saltar sobre él con las suelas de sus botas hasta destrozarle el esternón. Tal horrible muerte le provocaron.

El segundo gaucho también extrajo su puñal intentando ayudar a su compañero, pero al ver que se abalanzaban también contra él, desistió. Montó su caballo rápidamente y huyó.
Lander se debatió entre la vida y la muerte hasta el día siguiente. Fue finalmente sepultado en el cementerio que Moises Ville ya poseía pues las primeras tumbas correspondían a los niñitos más pequeños.

Algunos días mas tarde llegó a Moises Ville proveniente de San Cristóbal el Jefe de Policía con toda una comisión, enviados por el gobierno de Santa Fe, con la finalidad de investigar el hecho. Pero notando que debían vérselas con personas "mudas", de quienes nada podrían averiguar, decidieron ignorar el asunto. De acuerdo a los relatos del propio jefe de policía de San Cristóbal a los pobladores de Moises Ville, pudo constatarse que el que había huido era el hermano del fallecido y fue él quien denunció el hecho.
A su hermano, explicó, le había gustado la joven y les había preguntado si se la darían como esposa, a lo que ellos respondieron "si señor, si!". Al mismo tiempo requirieron galletas de las que les llevó una bolsa llena agregando varias botellas de caña. Comieron las galletas y bebieron la caña, pero a la chica no se la quisieron entregar: no cumplieron su palabra!
Finalmente comenzaron a golpearlo. Fue entonces que su hermano, "en defensa propia" desenfundó su cuchillo e "involuntariamente" lo clavó en el corazón de uno de ellos. Por eso lo asesinaron de manera inhumana...

La venganza cobra nuevas víctimas
Varias semanas más tarde, alrededor de mediados de Noviembre, a dos meses y medio de su arribo a Moises Ville, los podolier perdieron sus siguientes víctimas, tres al mismo tiempo. Se trataba de los hermanos Iegelnitzer.
Estos habían salido a buscarse cualquier tipo de trabajo en lo de los colonos italianos. Pero fueron hallados muertos al día siguiente entre los matorrales, no lejos de la colonia. Los tres habían sido decapitados. El entierro de los tres hermanos fue desgarrador. Todos consideraron que el crimen fue llevado a cabo como venganza por el hermano del gaucho muerto...

Así cayeron en el lapso de pocas semanas cuatro víctimas. Pero eso sólo fue el comienzo.
Desde el asesinato de los hermanos Iegelnitzer transcurrieron alrededor de dos años sin que hubiese que lamentar hechos luctuosos. Entre tanto los podolier gozaron de una mejoría en el aspecto material. En principio llegó ayuda de los judíos de Buenos Aires, aunque eran pocos y no pudientes. Después de realizar una colecta (que sumó unos nueve mil pesos y constituía para ellos un enorme esfuerzo), enviaron una comisión que repartió el dinero equitativamente, según el número de miembros de cada familia. Gracias a este apoyo los podolier ya no debieron recurrir a mendigar el pan.

Le llega el turno a Zimi Zaivik
Pero pronto cayó otra víctima. Una mañana de julio (o tal vez agosto) de 1891 un joven colono de los podolier, Zimi Zaivik de 21 años de edad, salió a cabalgar por los alrededores de la colonia en busca de una vaca que había desaparecido de los corrales por la noche.
Unas horas después se vio atravesar la colonia un caballo al galope, llevando una persona. El hombre y su caballo llegaron a la casa habitada por la familia Zaivik. El animal se detuvo y Zaivik cayó al suelo y quedó tendido. Los vecinos se acercaron percatándose de que se trataba del joven, quien yacía inconsciente. Al intentar incorporarlo notaron que sangraba, y al quitarle la camisa descubrieron su pecho herido.

Llamaron al médico, que por entonces ya residía en la colonia, pero su ayuda fue inútil pues el herido expiró por la noche. Durante los momentos en que volvió en sí pudo explicar entrecortadamente que cabalgando de regreso a casa vio venir de frente un gaucho que lo detuvo para pedirle dinero. Como no lo tenía, extrajo su cuchillo y lo apuñaló, huyendo inmediatamente.

Nuevos asesinatos
Apenas un mes después sucedió otro crimen. Uno de los podolier que no fue "colonizado" por  no reunir las condiciones necesarias (ser casado y con hijos no muy pequeños) de apellido Fainman, había ido hasta el correo en Palacios a retirar correspondencia ya que Moises Ville no poseía aún correo propio. Ese mismo día fue hallado muerto, tirado en el piso con su vientre abierto. De su caballo no se hallaron rastros, seguramente se lo había llevado el asesino.

Otros dos asesinatos se produjeron hasta fines de 1891, aunque no puedo precisar los meses. Sucedió lo siguiente:
Uno de los podolier, un tal Kantor, soltero, "no colonizado", permaneció en la colonia instalando un almacencito. Acostumbraba a madrugar y abrir su negocio cada mañana antes de que ninguna otra puerta del lugar se abriera. Pero una mañana el local permaneció cerrado mientras ya todos comenzaban sus tareas.
Al principio nadie lo notó. Pero cuando pasando un tiempo el negocio de Kantor continuaba cerrado, todos comenzaron a inquietarse. Comenzaron a golpear la puerta sin obtener respuesta desde el interior.
Entonces se angustiaron ya que sabían que Kantor no había abandonado el lugar.

Al romper la puerta y entrar a la habitación se les heló la sangre: sobre el catre yacía el hombre en un charco de sangre ya casi seca, su abdomen abierto y su rostro completamente tajeado. Al principio fue un enigma cómo habían entrado el o los asesinos ya que no había allí ninguna puerta ni ventana excepto la entrada del negocio, trabada desde el interior. Finalmente observaron que algunos ladrillos de la chimenea estaban removidos y sueltos... Obviamente el motivo fue el robo ya que nada se halló del dinero de Kantor. No pudo saberse si faltó también mercadería del almacén.

Gregorio Gerschunof
El siguiente asesinato fue perpetrado contra un podolier de apellido Gerschuno
f, un hombre de mediana edad y padre de familia (su hijo fue el famoso escritor Alberto Gerschunof). Salió una mañana con varios bueyes a arar su campo. Más tarde los animales regresaron con el arado, pero él no...
Pasaron dos o tres días, una semana casi hasta que fue hallado entre los altos matorrales, no en su campo sino en el de otro colono. Su cuerpo ya estaba destrozado por las aves de rapiña o animales salvajes. De modo que sólo fueron enterrados sus huesos...

Son indescriptibles el llanto, los lamentos y el terror que estas muertes provocaron, en especial la de Kantor, ya que si algo así había sucedido dentro mismo de la colonia, eso significaba que no se estaba seguro ni aún dentro de sus propias casas. Se agregaba a eso el mal momento económico y el alejamiento del Dr. Loewenthal de su cargo.

Nuevas víctimas
Tampoco el año 18
92 pasó sin causar víctimas, y su número fue tan elevado como en años anteriores: se sumaron ocho, con los que la cifra se elevó a dieciseis.

El primer caso fue el del entonces administrador de la J.C.A. Hurvitz (o como solía firmar, Horovitz). A pocos meses de asumir el cargo cayó a manos de un gaucho. Muchos preveían este desenlace debido a su extremado acercamiento a los gauchos; con ello quería demostrar que siendo amistoso no había porqué temer.
Y esto lo pagó con su vida. Un atardecer salió a cabalgar alrededor de la colonia pero nunca más regresó. A la mañana siguiente su familia agitó a los vecinos quienes salieron en grupos. Fue hallado entre los altos pastizales, decapitado, a medio kilómetro de la colonia.

Otra víctima fue Moishe Waks, austríaco, colonizado por el Dr. Loewenthal. En Moises Ville se lo solía llamar Moishe Compot debido a su barba roja. Sin embargo él tuvo la suerte de salvarse del ángel de la muerte y sobrevivir. Este hecho sucedió dentro mismo de la colonia, en pleno día y a la vista de todos los habitantes del lugar.
Se salvó de una muerte segura debido a su gran valentía, cuando fue atacado le propinó a su agresor tal puñetazo que aquél debió soltar el puñal sin terminar de hundirlo en su pecho por lo que no le interesó el corazón. Si bien la herida era bastante profunda poniendo su vida en peligro, logró recuperarse. El agresor huyó inmediatamente.

Las otras víctimas cayeron mas lejos de la colonia, de maneras diferentes. Entre un hecho y otro mediaron cortos intervalos. Como ya he mencionado la situación económica se tornó crítica, por lo que muchos debieron dirigirse a otros lugares mas o menos alejados para ganarse el sustento como asalariados entre los colonos italianos. De entre ellos cayeron en 1892 otros seis, todos podolier.
En qué circunstancias se produjeron estas muertes permanece sin aclararse. No se encontraron testigos presenciales. Dos de ellos eran padres de familia, Tzvi Wainer y Jaime Shmukler. Los cuatro restantes eran jóvenes solteros: Samuel Bersanker, Ruben Kristal, y los dos hermanos Finkelstein.

Mi agradecimiento a la Sra Hinde Fistl, arribada con los primeros podolier en 1889, quien me ayudó en el relevamiento de todos los casos mencionados. Los próximos los conozco por mi propia experiencia en Moises Ville.

La familia Waisman, 1896
Durante tres años la situación se tranquilizó, por lo que se pensaba que ya nunca más se repetiría algo semejante. Pero no fue así.
En abril de 1896 llegó de Palacios la noticia de la matanza de toda la familia Waisman, que se había establecido un corto tiempo atrás abriendo un almacén y un pequeño negocio. El primer comunicado decía que los seis miembros de la familia habían perecido. Luego se estableció que los muertos habían sido cinco ya que uno de los niños pudo esconderse de los asesinos y por su intermedio se pudo saber cómo tuvieron lugar los hechos.

Al caer la noche el jefe de la familia, Jose Waisman, fue a cerrar el negocio mientras su mujer, Guitl, acostaba a los cuatro niños. El mayor tenía la edad de bar mitzva, dos niñas mellizas y un niño de seis años. Al cerrar escuchó unos fuertes golpes en la puerta. En cuanto la abrió se le aparecieron varios gauchos e inmediatamente recibió una cuchillada en el corazón. Al oír los desesperados gritos de su esposo, la mujer corrió desde el dormitorio y también recibió una puñalada en el pecho. La mujer cayó junto a su esposo y allí permanecieron agonizantes.

El acto siguiente se desarrolló en el dormitorio, donde ultimaron al mayor de los niños descuartizándolo, y degollaron a las dos niñas en su cama, en tanto el más pequeño pudo escabullirse y esconderse entre los altos pastizales. Los asaltantes robaron el negocio y huyeron sin dejar rastros.
Los vecinos recién se enteraron por la mañana a pesar de los gritos desgarradores de las víctimas, ya que las seis o siete casas de Palacios estaban alejadas una de la otra. Cuando los habitantes de Moises Ville acudieron al enterarse se encontraron ante una escena dantesca.

El lugar parecía haber sufrido un pogrom.
Lo que los asesinos no se llevaron yacía destrozado y pisoteado por el piso ensangrentado donde permanecían los cuerpos sin vida con una horrenda expresión en sus rostros, provocando el amargo llanto de mujeres y hombres. Peor fue la imagen del dormitorio, semejante a un matadero.
Todos ellos fueron trasladados a Moises Ville donde se produjeron numerosos desvanecimientos durante los entierros.

Marie Aleksenitzer
Menos de un año después se produjo otro crimen, también en la colonia, en febrero de 1897. El colono Zalman Aleksenitzer, de los primeros podolier, tenía una hermosa hija llamada Marie. Una mañana la madre se percató de que no estaba.
La noticia de su desaparición se esparció por la colonia. El padre regresó presurosamente de la Administración, sumamente aterrado. Todos los vecinos ayudaron a buscarla, y fue finalmente hallada en el patio posterior de su propia casa, en un charco de sangre, semidesnuda, solo con su camisa. Su cuerpo había sido completamente descuartizado de manera horrenda.

Ahora Jaime Raiter fue asesinado
El asesinato que se produjo posteriormente al de Marie, sucedió en diciembre de 1898, cuando yo ya me encontraba en Buenos Aires. Para entonces ya A. Vermont editaba su "Folks-shtime" donde en el Nro 19 del 18 de Diciembre de 1898 (se encuentra en los archivos del IWO) publica la extraña noticia que paso a copiar:

<<Una nueva sepultura se agrega en el cementerio de Moises Ville - la de un asesinado. Otra víctima de la maldita colonización, de nuestra propia sangre. Jaime Raiter, padre de familia de 45 años de edad , fue ultimado por un gaucho...
No necesitamos llorarlo ya que no tenemos muchas alabanzas que hacerle, pues no las merece. Fue uno de los "diez hijos de Haman" que ayudaron al administrador "Haman II" a oprimir a los colonos.
Mientras los pobres extremadamente atareados se bañaban en sus hirvientes lágrimas, él gozaba. Mientras algunas desgraciadas familias eran arrojadas de sus viviendas conseguidas con esfuerzo, él se alegraba.
No tenemos porqué decir por él oraciones fúnebres, pero tampoco debemos difamarlo ni humillarlo... Sin embargo podemos hacer notar a los administradores, a Haman II, al Ignatiev lituano, al "negro egipcio" y a sus secuaces que hacen derramar sangre y lágrimas a los colonos, que los molinos de D-os muelen lentamente, pero muelen al fin...>>
(2)

En 1900, no recuerdo exactamente si a principios o al final, se produjo otro crimen. A pocas leguas de Moises Ville, en ruta a San Cristóbal fue muerto un judío de mediana edad un podolier llamado Iejiel Tzifin. En realidad no era de Moises Ville sino que venía a comprar cueros a judíos y no judíos de la zona. Creo que este fue el último asesinato en esa colonia.

También habían sucedido varios asesinatos en algunas colonias de la J.C.A. en Entre Rios, durante los primeros años de su existencia, pero este ya es otro tema.

Monigotes se defiende
Debemos subrayar lo sucedido en la vecina Monigotes, si bien sus habitantes no permanecieron allí muchos años (sólo tres o cuatro) debido a la imposibilidad de erradicar la langosta.
Durante el tiempo de su estadía en Monigotes lograron dominar a los gauchos, al punto que eran los gauchos quienes estaban atemorizados por los judíos. Según un relato de un habitante de Monigotes, el Sr Wolfsi, los judíos solía comportarse así: apenas notaban que un gaucho se aproximaba, salían a la ruta y se escondían entre los matorrales. Cuando ya se hallaba muy cerca se abalanzaban todos a la vez sin darle tiempo a desenvainar, y lo azotaban. Luego lo volvían a sentar en su caballo y lo echaban. Esto lo repitieron decenas de veces, hasta que estos atacantes advertían a los demás que es preferible evitar Monigotes. "Aquellos colonos son rudos asesinos" -sostenían. Realmente no permanecieron gauchos en esa zona.

Los monigotenses casi todo el tiempo tranquilos, sin temores y sin tener que lamentar ninguna víctima.

Mijl Hacohen Sinai

                    arriba

(1) Los colonos en realidad llegaron a la zona de Moises Ville entre mediados y fines de Octubre de 1889. Algunos datos históricos de esta nota no son exactos pero eso no le quita valor testimonial.

(2) El padre del autor de esta nota, Rab. Mordejai Reuven Hacohen Sinai, llegó como guía espiritual con el grupo de colonos de Grodno, en noviembre de 1894. Después de organizar algunos levantamientos de colonos contra la Administración de la J.C.A., alguno con relativo éxito, abandonó la colonia en 1898 y se mudó a Buenos Aires. Es probable que la nota mencionada del Folks-shtime sea de su autoría.