BARON MAURICE
DE HIRSCH
En un principio
esta lectura iba a centrarse en la historia de Moises Ville y mi trabajo
de investigación sobre la genealogía de muchas familias de allí, tema al
que he dedicado varios años. Pero últimamente he leído mucho sobre el
Barón de Hirsch y he recordado las opiniones que sobre él he recibido a
lo largo de aquella investigación, desde diversas partes del mundo, y me
pareció interesante compartirlo con ustedes.
Maurice de Hirsch nació en Munich en
1831. Hijo de Joseph von Hirsch y nieto del Baron Jacob von Hirsch,
primero en ostentar el título. En 1855 contrajo matrimonio con Clara
Bisoffsheim, hija de un banquero de Bruselas. Con su herencia y la dote
de Clara se embarcó en empresas ferroviarias en Austria, en los Balcanes
y en Rusia, creando compañias constructoras y usufructuando la
concesión. Despues de mucho esfuerzo logró la concesión del ferrocarril
Viena-Constantinopla, fue asi el constructor del Orient-Express y su
éxito le valió el reconocimiento como un importante personaje de la
industria y las finanzas.
Pese a su riqueza y a la necesidad
de ostentación a que su actividad le obligaba, era un hombre sencillo y
cálido, que siendo amigo del Principe de Gales entre muchos otros nobles
que frecuentaban sus cenas, no pretendia ocultar sus particularidades
judías.
Durante sus viajes y su estada en
Turquia tuvo conocimiento personal de las miserias de los judios rusos,
rumanos y turcos, cuya condición deplorable era debida en gran medida a
carencia de educación práctica y de oportunidades de ganarse el
sustento. Ayudado por David Veneziani, que hizo para él investigaciones
y fue su mano derecha en cuestiones de beneficiencia, se conectó con la
Aliance Israelite Universelle, y puso grandes sumas a su disposicion
para extender su trabajo a Turquia. Financió la construcción y
mantenimiento de gran cantidad de escuelas que la Aliance administraba
por toda Europa y Norte de Africa, y desde 1878 hasta su muerte
equilibró el saldo negativo de esa institución. Durante la guerra
ruso-turca de 1878 estableció y mantuvo hospitales para ambos ejércitos.
Pero fue su contacto con los judios rusos lo que más lo turbó,
perseguidos en forma sistemática y privados de los mas elementales
derechos. En todos sus emprendimientos filantrópicos, la Baronesa Clara
fue el alma guia y ferviente apoyo.
En 1885 el Baron negoció con el
gobierno ruso la donación de 50.000.000 de francos (200 mill. dolares de
hoy) para un programa de educación básica, técnica y agrícola que
beneficiaria a los judios de la zona de residencia, plan que tuvo que
abandonar porque el gobierno queria manejar dicho fondo. Hirsch llegó
finalmente a la dura conclusión de que el único camino que quedaba a los
judios rusos era la emigración, y dirigió todos sus esfuezos a
investigar un plan de colonización, buscando lugares adecuados para su
establecimiento. Tuvo que desechar sucesivamente Palestina, por las
exigencias del gobierno turco entre otras razones, Africa Oriental por
inhóspita y poco adecuada para las tareas agrícolas, y los EE.UU. por la
oposición de la comunidad judía alli establecida.
A principios de 1890 recibió por
intermedio del Gran Rabino de Paris Zadok-Kahn un informe del Dr.
Wilhelm Loewenthal, un médico rumano, sobre posibilidades de
colonización agrícola en la Argentina. Loewenthal acababa de regresar de
un viaje contratado por el gobierno argentino, donde pudo conocer a un
grupo de colonos judíos que hacía poco habían fundado una colonia
llamada Moises Ville. En su informe elogió la labor de los nuevos
colonos y consideró a la Argentina como país propicio para la
colonización por su extensión, baja población (tres millones de
habitantes en 1890), clima, fertilidad de la tierra, facilidad de
cultivo aún para los colonos más inexpertos; régimen político liberal, y
por las ventajas que ofrecían las leyes del país a los inmigrantes
interesados en el trabajo de campo.
Por otra parte, sostenía que la
ayuda a los judíos perseguidos no debía revestir carácter de dádiva sino
que debía brindarles la posibilidad de consagrarse al trabajo del campo,
fundando colonias agrícolas a ese efecto a través de una Sociedad
Colonizadora, con indicación de superficie a asignar por grupo familiar,
cantidad de implementos, forma de capitalización, reintegros, etcétera.
Este proyecto interesó al Barón
Mauricio de Hirsch, quien luego de estudiarlo le dio su apoyo total. "He
perdido a mi hijo, pero no a mi heredero. La humanidad recibirá mi
herencia", había dicho el Barón de Hirsch, en 1887, al perder a su único
hijo Lucien. Los inmigrantes judíos, que llegaron a la República
Argentina el 14 de Agosto de 1889 y se instalaron finalmente en Moisés
Ville fueron los primeros beneficiarios de la Jewish Colonization
Association, la empresa colonizadora creada en 1890 con un capital
inicial de 2,500,000 £, que equivalen actualmente a unos 400 millones de
dólares. La J.C.A. fundó colonias agrícolas en Argentina, Brasil,
EE.UU., Canadá e Israel. Varias decenas de miles de familias se
beneficiaron con su accionar a través del tiempo, y dieron origen a una
comunidad judía en Argentina que llego a contar con casi 500.000 almas.
Por lo que yo sé sin haber investigado demasiado, hay en esta sala al
menos cinco descendientes de beneficiarios de esa obra.
Por varios motivos el vasto plan del
Barón de Hirsch no llegó a cumplirse: factores humanos, dificultad de
adaptación, imponderables climáticos, su fallecimiento prematuro en
1896, estimaciones quizá demasiado optimistas con respecto a la
fertilidad de las tierras adquiridas y a la capacidad de devolución por
parte de los colonos de las cifras invertidas. A partir de la revolución
de Octubre, cuando los judíos rusos comenzaron a recuperar sus derechos
y a perder otros, la emigración decayó abruptamente, siendo remplazada
por inmigrantes provenientes de otros países aunque en menor medida.
Otros emprendimientos filantrópicos
por si solos merecen el recuerdo de este personaje. A la obra
colonizadora deben sumarse el apoyo a los judíos emigrados a los EE.UU.
con un fondo de 2.500.000 U$ (hoy unos 50 millones de U$), el fondo para
educación y ayuda para los judíos de Galicia (otros 50 millones), el
Fondo para ayuda en Canadá y sus donaciones a los hospitales de Londres
producto de las ganancias de sus caballos de carrera. Solía decir que
sus caballos "corrían por caridad". No hay cálculos ciertos sobre la
cifra que destinó el Barón, administrada posteriormente por la Baronesa,
para ayudar a sus correligionarios. No debe andar por debajo de los
2.000 millones de U$ de hoy.
Salvo en Argentina y en algunos
círculos restringidos, la figura de Hirsch es completamente desconocida
y con frecuencia la información acerca de él está distorsionada. En
amplios círculos israelies y norteamericanos se lo considera un mal
judío, un "cuasi converso" que trató de influenciar en ese sentido a los
colonos, un explotador que se enriqueció a costa de ellos, un
antisionista.
Tratare de contestar a esas
opiniones. Maurice de Hirsch era agnóstico. A pesar de haber recibido
por influencia de su madre una profunda educacion judia y haber
respetado festividades y tradiciones, su trato con personajes del ámbito
de la nobleza y las finanzas de Francia, Inglaterra, Austria y Hungria
lo hicieron una persona de mundo que no se escandalizaba ante la idea de
la conversión y los casamientos mixtos. Era muy refractario al
catolicismo pero no tenia problemas con el protestantismo, su nieta,
hija de Lucien, fue convertida. Debemos situarnos en la segunda mitad de
siglo XIX con grandes sectores del judaísmo europeo en proceso de
emancipación e ilustración y consecuente asimilación para entender esa
postura. El mismo Herzl, antes del caso Dreyfus, era un convencido de
que la asimilación era la solución para el antisemitismo. Buena parte de
los judíos en todo el mundo compartieron esa idea hasta que sobrevino la
Shoa.
Cierta vez un judío norteamericano
me aseguró que Hirsch hacia cortar las barbas de los futuros colonos
antes de subir al barco. Yo le contesté que en la foto de mi bisabuelo
Isheber Rejovitzky tomada en Moises Ville, él luce una enorme barba y
que hubiese preferido que lo mataran antes de permitir que se la
cortaran.
Lo que sí es indudablemente cierto
es que las tareas agrícolas modernas no pueden supeditarse al luaj de
festividades hebreas, y mucho menos en el hemisferio sur, donde las
estaciones están invertidas. Este hecho lleva naturalmente a que
nuestros colonos, al adaptarse a su nueva vida, hayan debido abandonar
costumbres y tradiciones centenarias, muchas de ellas originadas en
eventos agrícolas del hemisferio norte. Visto esto con ojos legos, no es
dificil conjeturar que los colonos eran obligados a abandonar su
religión.
La idea central de Maurice de Hirsch
con respecto a la colonización agrícola, era rescatar a la mayor
cantidad posible (él hablaba de 200.000) de los mas de tres millones de
judíos rusos, cuyas condiciones eran gravísimas empezando por la falta
de ciudadanía. No consideraba la agricultura como un fin sino como un
medio de salvación de sus correligionarios. Confiaba que el éxito de la
colonización agrícola sería un aliado en su plan, en varios sentidos:
los ya establecidos serían los mejores propagandistas del proyecto y
llamarían a sus parientes y amigos, y por otra parte la misma actividad
les permitiría devolver los capitales invertidos para renovar el fondo y
comprar nuevas tierras. La estipulación contractual del pago en tiempo y
forma de lo invertido en tierra y herramientas no tenia obviamente por
objeto el enriquecimiento de nadie, sino la posibilidad de seguir en la
tarea de rescate. Despues de todo cuatrocientos millones tambien se
terminan si la obra es muy grande. Por otra parte, al fundar la JCA su
objetivo no era sólo sacar a sus correligionarios de la miseria y de la
represión que sufrían en Rusia, sino devolverles su dignidad a traves
del trabajo honesto, no como objetos de beneficencia, su propósito nunca
fue dar limosna.
Con respecto al sionismo: entre
Octubre de 1894 y Enero de 1895 se llevó a cabo en Francia el juicio a
Alfred Dreyfus, un oficial de origen judío del ejército francés. Theodor
Herzl, a la sazón corresponsal de un periódico vienés, estuvo en Paris
cubriendo el evento, y la condena y degradación de Dreyfus cambiaron su
vision personal del judaismo. Si un oficial francés, totalmente
asimilado en un pais de amplias libertades y cuna de los derechos
humanos, era condenado por el simple hecho de ser judío, entonces la
asimilación no sería el camino para evitar el antisemitismo. Ese fue el
origen de su convicción sobre un estado judío, y en ese año de 1895
escribió febrilmente su Judenstaat, manifiesto fundacional del sionismo
político, aparecido en Abril de 1896.
Durante ese período, en Junio de
1895, hubo un encuentro entre el Baron de Hirsch y Theodor Herzl. La
reunión no pudo haber sido mas desastrosa. El apasionado Herzl de 35
años criticó duramente el filantropismo de Hirsch, expuso su plan de
reformar la educación judia con vistas a la emigración a Tierra Santa
sin conocer aparentemente las opiniones y obras de Hirsch en cuanto a
educación práctica, y pronosticó la concreción de su plan para los
próximos veinte años. "Son necesarias una bandera y una idea para
movilizar a un pueblo" dijo. El Baron ya estaba en sus 65, y su plan de
emigración y colonización estaba en la etapa en que comenzaba a
funcionar. Su urgencia por el sufrimiento de los judíos rusos – y su
edad - no le permitían apoyar abiertamente un plan con vistas a una
solución a veinte años. Por otra parte, durante su estada en
Constantinopla donde vivió varios años, el Barón habia averiguado sobre
las condiciones de Palestina para recibir colonos, y los informes de sus
enviados fueron realmente sombrios. Escribio en 1891: "No me opongo
definitivamente a ese proyecto, que puede ser considerado en una etapa
ulterior. En lo inmediato, y dada la emergencia, estimo que la
Argentina, con tierras fértiles y despobladas y un gobierno favorable a
la inmigración, se presta mucho mejor que Palestina, donde reina la
malaria y además deberemos lidiar con el gobierno Turco".
Impacientado por la locuacidad de
Herzl, el Baron interrumpió abruptamente el encuentro sin dar tiempo a
que Herzl desarrollara su idea. Herzl ofendido jamas le envió un
ejemplar de su Judenstaat. El Baron falleció nueve meses después, sin
haberlo leído y sin haber tenido oportunidad de manifestar su apoyo u
oposición al sionismo.
Una acotación interesante para ir
terminando: un año despues de su arribo a Eretz Israel en 1906, un joven
llamado David Green se estableció en Sejera- hoy llamada Ilaniya, cerca
del monte Tabor. Fue, como muchos otros, un colono de la "Jewish" ya que
Sejera era una colonia de la J.C.A. fundada en 1899. En sus memorias
David Green relata las relaciones de la comunidad y de su grupo con el
"administrador" (el famoso administrador de la Jewish), y de cómo
lograron imponerse para remplazar a los arabes contratados para defender
la colonia.
David Green cambió tiempo después
su nombre por el de David Ben Gurion, y Sejera es la cuna de la
Hashomer, primera organización judia de defensa creada en 1907,
precursora de la Haganá constituída posteriormente en 1920.
El efecto multiplicador de la acción
filantrópica de Hirsch es inmensurable, y creo que es injustificada la
reticencia a reconocer su figura como la de un primordial benefactor de
su pueblo. Donó en su beneficio toda su inmensa fortuna y lo hizo con
criterio práctico y generoso: salvar a los necesitados y perseguidos sin
buscar con ello perpetuar su nombre. De hecho no lo hizo y somos sus
beneficiarios directos o indirectos los que deberíamos ocuparnos de eso.
Artículo
de Mario Jeifetz, Dic. 2004